¡DIGNIDAD!, ANTES QUE TODO



Un hombre llega de noche a su casa, algo “entonadito” con ganas de darle una sorpresa a su esposa.

Entra al cuarto, y con la luz apagada se desnuda, se mete en el lecho conyugal y comienza a acariciarla. Ella, reaccionando de inmediato se subió sobre él, e hicieron el amor de forma variada e impetuosa. Terminado el acto, nuestro hombre fue al baño y al abrir la puerta, encontró a su esposa secándose con una toalla.

Sorprendido le dijo:

—¿¡Como!? ¿Tú no estabas ahora mismo en la cama?
—¡No!, —respondió la esposa— Me estaba bañando.

Abriendo desmesuradamente sus ojos, el hombre exclama:

—¡Entonces...! ¿Co-co-con quién demonios acabo de hacer el amor?

Sale la esposa gritando como una poseída...

—¡Mamáaa!

Llega al dormitorio y encuentra a su madre en la cama fumándose un cigarro, con cara de mujerzuela satisfecha y una sonrisa de oreja a oreja como Mobby Dick.

Sorprendida, le increpa:

—¡Mamá! ¿Por qué no le dijiste algo?

Y responde la señora con aire de dignidad:

—¡Tu sabes nena que yo a ese hijo de pu#$#%$ NO le hablo!



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